“Me interesa sobre todo la corrupción de los poderosos como clase dominante”
Gabriela Cabezón
Gabriela Cabezón, escritora y periodista, es la
voz negra
de la literatura argentina actual. Con una
prosa brillante
y generosa, es testigo de excepción de la argentina
más
sórdida y sucia, la del fango y la marginación
Escritora y
periodista
Existe alguna diferencia entre la
novela negra escrita por mujeres y la escrita por hombres?
Hoy por hoy, poca: tal vez hay una mayor cantidad de protagonistas
mujeres en las escritas por mujeres y una mayor sensibilidad a los temas de
género. Pero de ninguna manera podría generalizarse.
En cambio, tú sí eliges
protagonistas mujeres, ¿te sientes más cómoda en ese rol o te preocupa más la
situación que vivimos nosotras?
Me interpela fuertemente, aunque me interpelan dos o tres temas
más. Me interesa, en general, trabajar con lo excéntrico, en el sentido
sencillo de no estar en el centro. La perspectiva del varón es universal, la de
la mujer y otras minorías genéricas es periférica y me interesa investigar esa
periferia. Entre otras cosas porque está menos construida.
En todos tus libros hay una denuncia de la corrupción individual,
no de ladel poder, ¿es más peligrosa que la de los poderosos?
No es mi intención en absoluto que sea una denuncia de la
corrupción individual, al contrario, siempre hablo o intento hablar de la de
los poderosos en las dos instancias, como clase dominante y como clase
dominante y como individuo. Puede parecer que se trata de la individual porque
la lleva adelante un personaje, algunos siempre tiene preeminencia. En cuanto a
la corrupción de los oprimidos, solamente me interesa en el punto en que te
lleva a preguntarte: este policía que le pega a su vecino, a su primo, al que,
como él mismo, pertenece a una clase no privilegiada, ¿no se da cuenta?, ¿cómo
puede identificarse así con el amo?… Sin esa identificación, sería inexplicable
que una cantidad mínima de personas domine al resto.
Sólo en ese sentido me interesa la corrupción del oprimido. Sería
raro hacer una novela de clases, donde un protagonista sea la clase dominante y
otro la dominada. Muy abstracto. Tal
vez interesante, tal vez no. Nunca leí nada por el estilo. O tal
vez sí, textos que van por el lado de la alegoría más ramplona.
Debutaste con una novela que nos
sumergía en los arrabales argentinos, La Virgen Cabeza, ¿tienes la sensación de
que no conocemos Argentina los de este lado del charco?
La mayor parte de los que están allá no la conocen; tienen una
idea parcial armada entre abuelos, tíos abuelos y bisabuelos que se vinieron
para acá, también de otros que llegaron huyendo del franquismo y la de las
migraciones políticas de finales del siglo XX. También la de los argentinos
migrantes por las crisis económicas. Y los que son lectores, la que se
desprende
de la literatura argentina. Una idea muy parcial, muy fragmentada.
Por otra parte, lo mismo pasa acá con España. Se tiene una idea fragmentaria.
Incluso con lo que uno piensa de su propia ciudad, en megápolis como ésta las
personas nos movemos apenas en algunas zonas, por cuestiones de índole práctica, no es grato
viajar cuatro o cinco horas por día para abarcar las grandes distancias y por cuestiones
de intereses son alguno barrios los que concentran
el trabajo y la cultura. Los demás tienen lo suyo, pero no concentrado. Yo
misma, que vivo acá desde que nací, me sorprendo de vez en cuando yendo a
lugares a los que no había ido nunca o que solo había visto desde arriba de una
autopista. La semana pasada, por ejemplo, fui a unos lugares tremendos cubriendo
el caso de una chica asesinada, aparentemente, por un grupo de muchachos cuando
se negó a participar en una orgía con ellos. La crónica se llama Condenados y
está en el portal de Revista Anfibia. Ahí describo una parte de Argentina, el gran Buenos Aires,
poco visitada por turistas.
Acá la cosa parece ser así: los prostíbulos son
“cajas” con las que recauda la policía. Algo de ese dinero pasa a otras
instancias del poder ejecutivo, por supuesto. Incluso, dicen, del judicial. No
sé qué complicidad tienen los banqueros, aunque esos siempre tienen que ver con
todo, tal vez laven dinero. Nosotros mismos, depende: si vas de putas, si no
vas... Parece un recorte
de Sade, falta algún noble pero de esos acá no
tenemos.
Y
llegamos a un libro que a mí, particularmente, me conmovió mucho, ‘Beya’, ¿qué
es ‘Beya’?
Beya es la reelaboración en términos de novela gráfica de Le viste
la caraa Dios. Algo así como un estado de conciencia de una mujer
secuestrada y esclavizada como prostituta (qué bueno que te haya conmovido).
Eres
una de las voces más potentes de Argentina, ¿lo sientes así? ¿Notas el peso de
la responsabilidad?
La verdad es que sí. Siento que tengo un
espacio de circulación y de recepción. Pero
somos muchos. Y muchos muy potentes. ¿Responsabilidad?, no sé ¿en qué sentido?
¿Cuando escribes sientes
que lo tienes que hacer mejor que nadie?
No.
Mejor que yo no más, en el sentido de no repetirme, no hacer siempre lo mismo,
desarrollar herramientas nuevas, experimentar.
Una cosa mueve en muchas
ocasiones a tus protagonistas, la venganza, ¿qué es la venganza?
El
intento de reparar una situación en la que se ha sido víctima, de salir de esa
situación pero de manera, acá sí, individual: reparar por mano propia, podría
decirse. En general son casos
en
que las instituciones no se hicieron cargo del amparo y la reparación que deben
brindar.
La perspectiva
del varón es
universal, la de la
mujer y otras
minorías genéricas
es periférica
¿En qué trabajas ahora? ¿Se puede
decir o eres supersticiosa?
Se
puede decir. Estoy escribiendo una novela que acontece en el siglo XIX,
retomando un personaje apenas mencionado en el Martín Fierro de José
Hernández. La china, la mujer del
gaucho
cantor. Además, junto con Iñaki Echeverría y Selva Almada estamos trabajando y
publicando en Fierro una novela gráfica, El vástago, que sucede en un
psiquiátrico abierto
en
un pueblo de la pampa húmeda durante la dictadura. Y estoy trabajando unos
textos para sumarlos a la edición de Le viste la cara a dios que una
gran escritora y editora española va a publicar próximamente allá.
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